Interpretación del soundtrack de “Cosas No Dichas”

 Ha pasado ya poco más de un año desde la publicación de mi libro “Cosas No Dichas y otras historias cortas“, y sigo recibiendo mensajes en mi bandeja de entrada cuestionando acerca de su soundtrack.

 En sí, el hecho de que yo compile música y la lance en forma de “soundtrack” es más una locura personal que una formalidad, después de todo ¿quién ha escuchado que un “libro” tenga un “soundtrack”? La música es, por definición, un arte muy separado de la escritura, no únicamente su forma de interpretarse y percibirse son muy distintas, sino que también se requieren de distintas técnicas, fundamentos y teorías en cada uno de éstos artes. Aún entonces, desde el primer día en que me decidí a escribir la música ha formado parte importante de mi trabajo, y hay una parte muy psicótica de mi mente que compara el trabajo de la escritura con el de la música: hablo de “composiciones“, de “temas principales y recurrentes (leitmotif)”, de “crescendoes“, etcétera.

 Para mí, el compilar una serie de piezas musicales para muchas de las historias que escribo se ha convertido en una tradición, pero en el proceso se me ha llegado a olvidar que… bueno, sí existe mucho detrás de la selección de las pistas para cada soundtrack, y hay razones muy fuertes para escoger tal o cual pieza. El asunto es que en ocasiones al que escucha no le queda muy clara la relación de la música con el texto.

 En sí, todo arte tiene una dimensión abstracta, la cual debe ser interpretada por cada persona desde su subjetividad. No existe ninguna obra artística que logre despertar exactamente los mismos sentimientos en todas las personas, aún cuando llegase a evocar sensaciones muy similares. Tomando en cuenta ésto, no es mi deseo reducir la imaginación y creatividad de quienes han conocido ésta obra (razón por la cual me había abstenido de publicar una interpretación “oficial” hasta ahora), pero, después de un año, me parece justo dar aunque sea una explicación somera del significado de la música. Así que revisaremos algunas (no todas) de las piezas musicales que se escogieron para formar parte de éste disco.

 En primer lugar, se darán cuenta que las dos piezas que se escogieron para representar la primera historia del libro “Aventuras en el Rin“, son composiciones de rock progresivo y alternativo. Ésto no es mera coincidencia. Ésta primera pieza, compuesta por los genios Alex Lifeson, Geddy Lee y Neil Peart, funge como una “Suite Musical” de la historia, y sería preciso que, al escucharla, imaginásemos en nuestra mente las tierras de Estrella Roja.

 Al lector quizás le parecerá intrigante saber que, durante los días que duró la escritura de Aventuras en el Rin, ésta pieza aparecía en mi mente recurrentemente, como un fantasma, especialmente los primeros 70 o 75 segundos, y la parte que comprende desde 3:38 a 5:40, el cual yo ubicaba como el “tema de la Suprema Corte”. El tema de la Corte aparece por primera ocasión en la pista a manera de una pincelada rápida en 1:15, aunque no evoluciona en una melodía independiente sino hasta 3:38, como ya lo he mencionado antes. Por alguna razón, al escuchar ésta melodía imaginaba al juez Puga y el resto de su corte, “entrando al escenario”, caminando, deliberando. La música entre 5:48 y 6:40 representa “la escena del juicio”, y es seguida por una repetición más del tema de la Corte, ésta vez sugiriendo un clímax.

 Notarán que la música evoca también un sentimiento de “futurismo”, sobre todo en los primeros segundos, con los sonidos del sintetizador regados por todas partes en la pieza. Una vez más, cuando yo creé Estrella Roja, la visualicé como “una Nación muy distante (tanto en espacio como en tiempo)”. Aunque yo declaré en algún momento que me inspiré en Farenheit 451 para crear el mundo en el que se desenvuelve Aventuras en el Rin, admito que Estrella Roja ni siquiera se acerca a estar tan bien delineada y definida como la distopía que en dicha novela se presenta.

 Por alguna razón, desde que escuché ésta composición por primera vez, se ha convertido en una de las más entrañables y recurrentes en mi cabeza. No puedo atinar aún porqué: todavía, cuando abro el libro de Cosas No Dichas y empiezo a leer Aventuras en el Rin, es somo si le pusiera “Play” al cassette, y ésta música comienza a tocar… Tal vez también les sorprenda saber que la primera parte de ésta pista también aparecía en mi mente la última vez que leí Un mundo feliz de Aldous Huxley (el año pasado).

 La segunda pista del soundtrack aborda a Erika, ése “personaje fantasma” que no aparece sino hasta en el clímax de la historia. Como su nombre lo indica, la música es una exploración de la mente de Erika; como un viaje a su interior. Se darán cuenta de las notas bajas, las melodías sincopadas y el ambiente lúgubre que evoca ésta pieza: representan los torturados pensamientos que se le aparecen en mente a Erika cuando observa a Walter al interior de la historia. Hay una primera evolución (1:18) en la que la música comienza a ser frenética y agresiva (una persona forzando a otra de manera violenta), para más adelante (1:54) detenerse en una meseta y en 2:05 iniciar un viaje “místico”, dejando ver la volatilidad mental del personaje, su mundo de “fantasía”, a modo de una infante soñadora. El tema de la perversión se intercala con ésta inocencia, de 2:22 a 2:52, y luego de nueva cuenta entre 3:10 y 3:19 para luego descender a “pura fantasía” en 3:49. En 5:39 se evoca nuevamente algún episodio oscuro en el pasado del personaje.

 Para quienes en verdad tengan OÍDO, quizás se darán cuenta que la música da pista de qué fue lo que ocurrió entre Walter y Erika en primer lugar. Y aunque no tan claro, también está ahí entremezclado el pequeño amorío perverso que, según explica Devl en la novela, tuvo Erika con su maestro.

 Pasando con “Juegos de Poder“, ésta es una pieza que sirve como una suerte de preludio para ésta historia.

Bañada en los rayos del sol,
Su silueta bailaba,
como una flor celestial.

 En la página inicial de la historia, narré el primer encuentro que hay entre Abraham y Ninnusa, los dos personajes centrales. Se trata de un encuentro fugaz en el que él la mira a ella desde el patio de la escuela, mientras se describían “nubes que se dibujaban como algodones; gratos a la vista, casi como esperando a que uno se acercara y los abrazara. Viajaban por el cielo tranquilas, lentamente.” Bien, pues ésta es la pieza que la escena evocaba en mi mente.

 …y por último, tenemos ésta otra pieza de la misma historia. No hay mucho qué decir realmente: la caja musical representa la persona “aniñada” y tierna que Ninnusa aparenta ser con las personas que le rodean.

Me divierto contigo.
Eres mi juguete.
Te convertiré en una marioneta que bailará a mi ritmo.

 Quienes sean conocedores de la música de ánime quizás reconocerán en ésta pista la inclusión de un fragmento del Réquiem de Cuerdas de Mime, compuesto por Seiji Yokoyama para la serie Saint Seiya, pieza musical que se ha ganado un lugar en el corazón de los fans a pulso propio.

 Bueno, espero que ésto haya servido de ejemplo demostrativo de cómo es que selecciono las piezas para formar parte de un soundtrack. Sin más por el momento, les mando saludar a todos agradeciendo sus amables correos y mensajes. ¡Espero volver a escribirles muy, muy pronto…!

~Richa Robelo

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