Con estos ojos, pte. 3

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Me duele todo el cuerpo por los errores.
Traicionados por la lujuria,
nos mentimos tanto el uno al otro
que en nada confiamos.

~Dave Mustaine

bleedin' eye

 Ésa mañana, te dí un último beso en el cuello. Hubiese preferido que fuera en los labios; o, al menos, en la mejilla. Intenté descubrirte el rostro, pero estabas bien envuelta en las cobijas. Me dió, incluso, la vaga sensación de que estabas ejerciendo fuerza para evitar que lograra mi cometido.

 Aún me dolía el manotazo que me habías dado la noche anterior, cuando, al acercarme a tí para darte las buenas noches, me gruñiste entre sueños: ‘¡deja dormir!’, antes de golpearme con la palma de tu mano en la mejilla.

 Aquél golpe hirió más mi corazón de lo que lastimó mi piel. Pero, como ya he dicho antes, me lo merecía. Merezco todo ésto. Merezco tu indiferencia. Pues todo es mi culpa.

 Te fallé como hombre. No pude tolerarlo, cuando elegiste a Daniel por encima mío. Y ésto fue lo que desembocó en que, en un torpe error, borracho de despecho, yo asesinara tu corazón.

 No era mi intención. De verdad. Yo no quería que leyeras todo éso. Pero lo leíste. Leíste el día en que, estando yo abatido y desgarrado por el dolor, mi amiga me invitó a tomar con ella. Ambos sabemos lo que salió de éso; una zozobra infinita. Una que me acosa aún hoy en día.

 Porque leíste el desliz. Leíste el temor de embarazo. Y leíste la palabra que ella puso en mi mente, pero que a final de cuentas fue por mi mano que se tecleó, y quedó guardada en la memoria del celular; en la tuya; en la mía. La palabra. PUTA.

 Lo que leíste no fue más que una equivocación. Un error que cometí en la oscuridad y el desamparo. Yo no quería que ella fuera la madre de mi hijo. Éso quería vivirlo contigo. Quería que tú fueras la madre de mi hijo. Porque yo a quien amaba era a tí. Te amaba…

 …qué paradójico. Si fue justamente por éso; por haberte amado a corazón abierto, que cometí tantos errores en primer lugar. Pero el hecho no cambia. Haya sido por lo que haya sido, yo soy el hombre que asesinó tu corazón. Yo soy el único responsable de la indiferencia que ahora muestras ante mi; ante mis sentimientos; ante todos los que te rodean; ante la vida. Yo soy el culpable de todo lo que has hecho desde entonces. Yo, el único que te había abierto la esperanza de que, a pesar de todo, podía haber alguien en quien podías confiar en éste mundo, fui justamente quien traicionó tu confianza. Es por mí que te has convertido en lo que hoy eres.

 Me habría gustado que ése terrible error se hubiera quedado en el cajón del olvido. Si tú jamás te hubieras enterado… quizás… sólo quizás…

  Me arrepiento. Recordaré, y me arrepentiré por siempre… de ése día. El día en el que dejaste de amarme. El día en el que asesiné tu capacidad de amar. El día en el que dejó de importarte la vida.

escaner_20161127

18 de Abril. Nuevo poema de Richa Robelo (clic en la imágen para leerlo)

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