Con estos ojos, pte. 4

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bleedin' eye

 Es tan doloroso ver en lo que te has convertido.

 Tú no entiendes mi dolor. Ya no puedes entenderlo. No sabes lo que es, levantarme cada mañana, maldiciéndome a mí mismo, preguntándome porqué demonios no estás a mi lado. Y la única respuesta que encuentro siempre es mi propia equivocación, aquélla por la cual me cerraste tu corazón.

 Aquí en ésta cama, me aferro a todos los recuerdos de tí; con éstos ojos recorro con nostalgia todo lo que te escribí; todo lo que me escribiste. ¿En dónde quedó aquél amor? ¿En qué lugar se perdió el futuro que proyectamos juntos?

 Con éstos ojos, leo. Releo. “Por ésta navidad, dejaré que permanezcas con tu familia”, me escribiste. “Porque para la próxima, ¿quién sabe? Te verías muy mono, con un gran listón rojo, bajo mi Árbol de Regalos.” Es una sensación agridulce revivir lo que en aquéllos entonces me hacías sentir. No sé si yo despertaba lo mismo en tí.

 Luego recuerdo la realidad. Tú no conservas con mi ahínco todo lo que en algún momento te escribí. No; todas nuestras conversaciones, seguramente las desechaste, igual que te deshiciste de mí; de mis recuerdos; de mis regalos; de todo lo que hice por tí.

 Aún me resisto a aceptarlo; pero hoy en día el mundo es así. Con tan sólo un par de toques en la pantalla del celular, puedes eliminar de tu vida la existencia de una persona. Vivimos en un mundo globalizado, en donde todo viene rápido, y todo se va rápido. Todas mis palabras desmembradas; desintegradas; perdidas en el cyberespacio. Igual que el recuerdo de mi rostro; la memoria de que alguna vez existí.

 Ni siquiera el amor se ha escapado a la naturaleza vertiginosa de la realidad actual. Donde hoy eres indispensable, en unos días eres reemplazado. Los amantes van y vienen de manera acelerada. Y en éste momento hay tantos lobos hambrientos a tu alrededor; lobos que pueden acecharte atisbando a tus fotos de Facebook, y, en cualquier momento, comenzar a jugar contigo el ajedrez del ligue, a través de tu celular…

 Pero tú… tú te has adaptado a éste apresurado mundo mucho mejor que yo. Tú has aceptado tomar parte de éste juego moderno, y ahora vas por ahí, relacionándote con los hombres de manera vaga y superflua. Has renunciado a la ilusión de poder formar una relación duradera, de amar y de ser amada, y sólo te enfocas en lo que te pueden dar. Placer. Regalos. Viajes.

 No comprendes lo que me hace sentir el ver, con éstos ojos, cómo tu juventud es succionada por otros; chupada igual que el jugo de una fruta que eventualmente se secará. Y tampoco entiendes cómo me queman las entrañas éstos pensamientos: qué estarás haciendo, y con quién.

 Con éstos ojos, leo. Releo. Y sigo sopesando los mensajes que conservo, como si fueran alguna especie de tesoro antiguo; monedas devaluadas ya, que no significan nada para nadie más que para mí. Por fin, llego hasta donde se encuentra tu ultimátum. Tu amenaza de suicidio.

 No puedo negarlo. Le tengo miedo a tu muerte. Pero, también, le tengo miedo a tu vida. Temo tener que ser testigo, con éstos ojos, de cómo la entregas a alguien más; ver con éstos ojos cómo das vida por alguien más. Ésa vida, que algún día dijiste darías por mí. La vida que por medio tuyo tendría nuestro hijo.

Ya sea que le des tu vida a alguien más, o que te la quites a tí misma, para mí no hay salvación. De una manera u otra, a mi me asesinas.

Escáner_20161127 (2) Miedo a la Vida, Miedo a la Muerte. Nuevo poema de Richa Robelo (clic en la imágen para leerlo)

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